La computación en la nube -o Cloud Computing- es un término del cual ya hemos oído hablar bastante durante ya más de una década. El desarrollo de mejores y más veloces conexiones a Internet ha permitido que la red global sea no solo un gran depósito de datos sino que también de poder prestar servicios en tiempo real en cualquier parte del mundo.

Hoy la computación en la nube está en todos lados: cuando revisamos nuestro correo en el celular, vemos una película en Netflix o nos conectamos a nuestra oficina por teletrabajo, es el poder del Cloud Computing el que permite que el mundo se siga moviendo independiente de nuestra ubicación física.

Pero a pesar de estar alrededor de todos nosotros, cuando se trata de empresas y su virtualización, la nube sigue viéndose como un terreno aun incierto. La última encuesta de la consultora Denodo sobre el tema, realizada a 250 empresas a nivel global, señala que el 18,25% de las empresas recién está planeando su estrategia de virtualización, y un 31% es principiante en el tema, es decir, que ha movido tan solo alguna carga de trabajo a una nube digital.

Un número que seguramente seguirá creciendo debido a los desafíos impuestos hoy por el contexto de la pandemia, y que han generado una  necesidad de conectividad constante. Por lo mismo hay muchas personas preguntándose: ¿Y cómo me subo a la nube? La respuesta a esa pregunta va a depender, de las necesidades de tu organización, ya que eso define el tipo de nube que necesitarás.

Públicas y Privadas

En su definición más clásica, la computación en la nube permite la utilización de servicios de almacenamiento y procesamiento de datos en datacenters que están fuera de la infraestructura física de una empresa. Estos servidores se encargan de entregar servicios de manera rápida, eficiente y mucho de bajo costo. Los proveedores de servicios en la nube se encargan, además, de monitorear que los datos se transmitan y almacenen de manera segura desde el servidor externo hasta nuestros equipos.

Pero esa en realidad, es solo una parte de la historia. Lo importante, luego de decidir que queremos migrar nuestra información a la nube, es saber cuál es el tipo de nube que más nos sirve, porque sí, existen varios tipos.

GTD, proveedora de servicios de cloud computing para empresas en Chile, distingue tres tipos de nubes diferentes a las que los usuarios pueden acceder.

Están las nubes públicas,  que ofrecen un servicio  ágil y flexible a la hora de configuración. Se llaman nubes públicas porque la infraestructura como servidores, procesadores y el software necesario para que operen están en grandes datacenters ubicados en diferentes partes del mundo y que pueden estar procesando datos de cientos o miles de empresas en forma simultánea.

Que la nube sea pública no significa que los datos que existen en esos servidores también lo sean. Para nada. Si bien el almacenamiento es compartido, el acceso a cada dato procesado en específico será solo para la compañía que sea dueña de él.

Ahora bien, las nubes públicas pueden venir en dos formatos: globales o locales. La diferencia está en la ubicación de la arquitectura e infraestructura: un sistema global puede mantener tus datos almacenados en servidores de cualquier parte del mundo, mientras que las nubes locales permiten tener primero, soberanía sobre los datos -sobre todo cuando se requiere que cierta información no salga de las fronteras- y además, una reducción en la latencia del acceso a los datos.

Así, una nube pública global es la opción más flexible y conveniente si lo que queremos es almacenar datos o trabajar sin inmediatez, ofreciendo además la posibilidad de escalar nuestra capacidad en la medida que la vamos necesitando, mientras que las nubes públicas locales ofrecen los mismos servicios, pero con las ventajas de estar localizados en nuestro territorio.

La otra opción es la nube privada o dedicada, que está pensado para compañías que quieran tener una arquitectura local y dedicada solo para una compañía. Es el nivel más exigente en cuanto a seguridad y dedicación, y se prefiere cuando se necesita un sistema con regulación más estricta.

Independiente del tipo de nube que se escoja, el valor del proveedor también impactará en el rendimiento de estas operaciones. El acceso a las nubes públicas más importantes como Azure de Microsoft, Amazon Web Services o Google puede verse afectado por las condiciones de nuestras propias conexiones, por lo que si los proveedores poseen rutas express como es el caso de GTD Express Route, entonces la distancia de nuestra información, sea local o global, quedará reducida a tan solo un par de clicks.

 

Fuente: https://n9.cl/ze2x

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